(II parte) La llamada del deber: Por qué el mundo necesita más mujeres guionistas y qué hacer al respecto

(Parte II)

Por Christina Kallas

Traducido por Marta Raventós

Lo que es más sorprendente es la constatación de que, aunque hay algunas diferencias locales en el porcentaje de mujeres guionistas y directoras de largometrajes de ficción, éste es casi el mismo en todo el mundo occidental. Considera estas cifras en relación al porcentaje de películas en las que las mujeres son protagonistas, que es un mero 16 por ciento: Obviamente, existe una correlación que no puede ser ignorada.

El género del/la guionista importa. No existe forma de que esto no sea así. Influye en tu manera de ver el mundo y en cómo el mundo te ve a ti. Permite diferentes experiencias y, en consecuencia, hace que te intereses en diferentes temas e historias. Construye tu visión del mundo, tu perspectiva de la vida, tu sentido de la realidad, tu imaginación. Pero, ¿Cómo nos influye el hecho de que nosotras como público estemos viendo historias creadas desde una determinada visión del mundo, la de un determinado grupo de población limitado?¿Cómo afecta esto a nuestro sentido de la realidad? ¿No provoca esa costumbre que, como audiencia, busquemos aquello que nos han acostumbrado a consumir?

Cuando la mayoría de las películas se hacen desde una perspectiva masculina blanca, no sólo se refuerza esa perspectiva, sino que también se refuerza la invisibilidad de las otras: La invisibilidad de las mujeres y/o cualquier minoría.

Comienza un ciclo irrompible al que, en la línea del argumento, llamaré “La replicación de la perspectiva masculina”:

  • Un público al que se le cuentan historias procedentes de la imaginación de un determinado grupo de población se familiariza progresivamente (y es comprensible) con el sentido de la realidad de ese grupo limitado, considerando que es la única opción y adoptándolo como propio.
  • La audiencia quiere más de lo que está acostumbrada a conseguir, con lo cual se conciben películas y programas que respondan a las fórmulas que en el pasado han probado tener éxito.
  • Como resultado de la replicación, un cierto tipo de película o serie, de ciertas características, se repetirá una y otra vez, formándose, estableciéndose y evolucionando hacia un determinado tipo de narración (mientras otros quedan al margen).
  • En un sector definido por la demanda, y con el fin de producir más de lo que el público pida, los mejores guionistas surgirán, claro está, del grupo de población limitada que mejor capte esa perspectiva.
  • Los guionistas de otros grupos de población, lógicamente, harán un esfuerzo para reproducir el punto de vista del grupo de población establecido – ya que eso es lo que quiere el público y el mercado.

Mucho se ha escrito sobre la percepción. Algunos críticos han notado, por ejemplo, que los medios de comunicación discriminan las historias femeninas, mientras celebran las historias masculinas. Y que hay un pequeño nicho para las historias de las mujeres, y que, presuntamente, los hombres no quieren verlas. Al parecer, a los críticos -incluso aquellos que son mujeres- les gustan más las obras escritas por hombres y tienden a encontrar más motivos de crítica en las creadas por mujeres (Girls de Lena Dunham, ha sido muy discutida, pero más como fenómeno cultural que como serie en sí misma. De hecho dio lugar a un intenso debate sobre feminismo y políticas de género).

Series escritas estos últimos diez-quince años (en su mayoría) por hombres, como son Los Soprano, The Wire o Breaking Bad se han abierto camino en cuanto al uso de la técnica narrativa y han llegado a un raro y codiciado grado de perfección. Pero ¿No nos estamos perdiendo algo? ¿No sería emocionante ver las cosas desde otras perspectivas y, cómo evolucionarían si sus guionistas fueran capaces de producir y experimentar contínuamente de la misma manera?

Citando a la dramaturga Theresa Rebeck (en una charla que dio en 2010, impresa en “Women & Hollywood”): “Es hora de escuchar ambas partes, para escuchar todas las voces, para construir una cultura en donde las historias sean contadas por hombres y mujeres. Ésa es la forma en la que el planeta va a sobrevivir, y en la que sobreviviremos nosotros”.

Así pues, ¿Cómo podemos construir esa cultura? ¿Por dónde empezamos? Voy a enumerar algunas opciones para empezar, y os invito a sugerir más:

  • Crea fondos e incentivos fiscales para las películas y programas de televisión escritos por mujeres. Legislación para dar créditos fiscales a guionistas mujeres (como el que la WGAE está defendiendo en Albany) y / o la creación de fondos para la financiación de películas y programas de televisión (véase, por ejemplo, GameChanger Films) creados por mujeres;  son algunos pasos necesarios en el camino hacia una mayor diversidad.
  • Establece cuotas en producción y distribución. El ejemplo más discutido es actualmente Suecia, donde la Directiva sobre Igualdad del Convenio Nacional Cinematográfico exige que la financiación se divida por igual entre hombres y mujeres (en los puestos clave de director, guionista y productor) en los proyectos financiados por el Instituto de Cine del país. Cuotas similares podrían establecerse para festivales de cine y canales de TV (una práctica controvertida que ha mantenido con vida el cine europeo).
  • Consume y corre la voz sobre las obras producidas por mujeres. El mayor reto hoy es la distribución. Con o sin cuotas o financiación, hacer una película es más fácil que nunca. Mantener una actitud consciente a la hora de visionar y apoyar a películas y programas de televisión realizados por mujeres, así como discutir y opinar sobre ellos, posibilitará superar la natural desventaja.
  • Si tienes el poder, demuéstralo. Cuando se tiene la posibilidad de tomar decisiones contratando personal y se lee el trabajo de guionistas, es necesario preguntarse con qué se siente uno cómodo, familiar. Existe una estética compartida, un sentido del humor compartido. Si tienes el poder de decidir, sal de tu zona de confort. Contrata a más mujeres.
  • Apoya la igualdad de ingresos. El dinero le da a uno la libertad de escoger los trabajos que desea hacer, las películas o programas que desea escribir. Esa libertad es importante si queremos ver más obra creada desde la perspectiva femenina. No existe ninguna razón que justifique que las mujeres deban cobrar menos que los hombres. No les pagues menos que a los hombres.
  • Empieza por repetir los mantras correctos. En una entrevista reciente, la showrunner de “Orange is the new black” Jenji Kohan, describía cómo la desigualdad de género ha sido su espina en el costado desde que era niña. Y cómo su madre le solía decir que los hombres son “más divertidos” y “mejores en esto.” Generaciones de mujeres están siendo criadas con los mantras erróneos. Es el momento de sustituirlos por otros. Las mujeres son divertidas. Las mujeres son buenas en esto. Las mujeres molan.
  • Cambiar tu forma de pensar. Si eres hombre, acóstumbrate a tratar tu masculinidad como un privilegio no ganado en el que tienes que trabajar activamente en el lugar de considerar la feminidad una desventaja no merecida que las mujeres deben batallar para superar. Si eres mujer, no permitas que el estado de las cosas te desaliente. La industria se está transformando cada día y las oportunidades cambian constantemente. Y por último, siempre queda la opción de optar por la discriminación, o crearse una misma las oportunidades.
  • Haz lo tuyo. No imites la voz de un hombre. No hagas esfuerzos para que tu escritura sea indistinguible o tenga el estilo de la de un hombre. Cuando la mayor parte de aquello con lo que has crecido es ese estilo, te resultará difícil, pero eso será sólo al principio. ¡Y lo emocionante que es adentrarse en tierras desconocidas! El mundo está cambiando, ahora es el momento. Úsalo. ¡Eres la mujer adecuada para el trabajo!

Vamos a empezar a ver el mundo a través de otros ojos, en cuanto más y más mujeres empiecen a escribir y dirigir, sin dejarse desanimar por cuán difícil es, ni por lo que creen que la gente quiere ver, basándose en éxitos previos, nacidos de una perspectiva masculina. Esto es una gran responsabilidad. Personalmente lo veo como una llamada del deber. No sólo hacia nosotras mismas, nuestras familias o la próxima generación de mujeres. Es nuestro deber participar en cómo la humanidad ve el mundo y cómo percibe la realidad. La vida imita al arte lo mismo que el arte imita la vida. Es a través del arte que cambiamos el mundo.

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Si estás interesado en leer más, incluyendo las entrevistas completas acerca del proceso de escrtiura de creadores tales como Terence Winter, Tom Fontana, Warren Leight, Robert Carlock, Janet Leahy y otros muchos, busca el libro de Christina Kallas Inside the Writers’ Room. Lo encontrarás aquí.

Christina Kallas ha escrito y producido varios largometrajes y programas de televisión en Europa antes de mudarse a Nueva York el 2011. Actualmente imparte clases en la Universidad de Columbia y el Barnard College, y está en proceso de edición de su próximo largometraje (su primero como directora) 42 segundos de felicidad. Es autora de seis libros en sus tres idiomas de escritura, incluyendo el libro mencionado en este post, así como Guión Creativo: Entendiendo la estructura emocional  (Londres / Nueva York, 2010). Más recientemente, fue premiada por su destacada contribución a la comunidad internacional de guionistas llevada a cabo en sus ocho años como Presidenta de la Federación de Guionistas de Europa / FSE. Puedes contactar con ella en: improv4writers@gmail.com o seguirla en Twitter o Facebook y unirte a la página de su grupo Writers Improv Estudio.

 

 

 


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